Llegó a mitad de la pasada temporada y apenas hicieron falta dos entrenamientos para comprender que teníamos delante a un portero superlativo. De esos que convierten una parada imposible en algo cotidiano. De esos que sostienen al equipo cuando más lo necesita.

Sus reflejos bajo palos son extraordinarios. Su exigencia, innegociable. Su obsesión, una sola: mantener la portería a cero.
Pero Nico Garnés defiende algo más que una portería. Defiende el componente más sentimental del fútbol. El que lo saca del césped y lo traslada a la vida diaria en casa. ¡Grande, Nico!
Estamos orgullosos de anunciar su renovación. Porque la seguridad no se negocia. Porque la pasión tampoco.